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miércoles, 30 de junio de 2010

La enfermedad fantasma y de la nada.















Era una mujer con la sonrisa


siempre en los labios,


era feliz, alegre, activa y risueña,


agradecida con la vida,  


intento seguir  siéndolo.





No se en que momento todo eso cambió,


no se el motivo ni las circunstancias


por las que cambiaron mí vida,


tan solo se que hoy aun queriendo,


no puedo moverme.





Mis músculos están agotados,


tampoco se el motivo, tan solo sé


que me duele todo el cuerpo.





Estoy cansada, muy cansada,


demasiado cansada para cabrearme


contigo ni con
nadie y mucho menos


conmigo misma.





Me molestan los ruidos, 


los olores me dan nauseas y me marean,


voy dándome golpes sin darme cuenta,


las discusiones hacen que mí cuerpo tiemble,


las tensiones me pasan factura


doliéndome más mi cuerpo si cabe.





Quiero, deseo hacer cosas,


mí cerebro trabaja, está activo,


quiere hacer esto y aquello, ir aquí, allí,


pero me desespero porque mí cuerpo


no me obedece. 


Deseo estar entre tus brazos


y que me hagas el amor, pero


esa energía la necesito para mí.





¡Que alegría más grande!


Hoy puedo levantarme,


hoy puedo ducharme,


hoy puedo salir a caminar,


pintarme los labios ir de cena


incluso hacer el amor.





Hoy puedo hablar sin cansarme tanto,


hoy me dices, ¡Que guapa estás!


pero te pido por favor que no me juzgues,


si mañana no tenga fuerzas para hacerlo.





Si nos encontramos algún día de compras


no creas que ya me he curado,


¡Que más quisiera yo!





Hoy puedo escuchar tus conversaciones y


llorar o reír contigo, no te enfades conmigo,


si mañana aun sabiendo que estoy en casa no puedo


ni abrirte la puerta ni descolgar el teléfono,


no es porque no quiera, es porque no puedo.





Sigo viviendo cada día ilusionada


con que alguien encuentre una cura


a esta devastadora e incapacitante enfermedad


que merma poquito a poco mí vida. 





No soy una enferma, soy una luchadora


que cada día lucha para encontrarse bien


y demostrarme a mi misma que sigo siendo persona.





No deseo dar pena ni lastima,


no soy una enferma, soy una superviviente,


soy una luchadora nata,


aunque a ti, no te lo parezca.





Ana Giner Clemente